Monday, September 9, 2013

Latidos de palabras que se entrecruzan en el tren. Mañanas 

habitadas por silencio, discusiones sobre el color del sol. Abrirse 

paso entre las flores cuesta. Sinceramente cuesta la noche, se 

duerme la siesta, se mece el llanto. Se retuercen las voces,

 estrangulan el paladar. Caracoles en la orilla, eso puede. Puede 

más que el viento, dulce parpadeo de las aves. Y esas delicias 

insolentes, se quedan como sonrisas en la costa, en el oído, cuando

 le acercamos el sonido del agua desde un espiral vacío.

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