Sueño con el destino celeste oriundo de las ideas, una vocación
vertical. Desatar los nudos del esqueleto, desenvolver sus huesos andadores. Grabar una flor en cada uno, besar. Dejarlos caer pesados sobre la
conciencia hasta morder las palabras como arena. Allí, en la orilla de la historia, pájaros memoriosos agazapados con linternas, listos para emigrar.
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