¡Bienvenidos!
Hoy dejaré la puerta abierta. No digo sin llave, digo
doblada sobre la pared, desmantelada, receptiva. Las persianas se perderán
hasta el cielo, y en el marco de la ventana, ni la sombra del postigo. Mi casa
estará para el que quiera entrar, aquel que quiera y lo sienta, pasará y mi
cocina será suya. El oficinista aburrido de rutina también tendrá su lugar
cómodo en la magia de mi piso.
Todos y todas, cada uno y cada una.
¿Miedos? Bueno, ¿Y el infierno en los hogares de los
barrios, y la hoguera de oficinas más iluminadas?
¿Peligro? Pero ¿y la sangre diaria que derraman algunas
ideas callibre 38? ¿Y los billetes amistosos sedientos de traición? ¿y las
rejas en la libertad?
¿Falta de respeto? ¿Y los que venden pulseras de oro a pies
descalzos? ¿Las puertas de acero blindado, las fortunas de casas pegadas a
calles de miseria? ¿Y el desamor entre
pares, el abandono de la especie?
No me importa nada, hoy dejaré la puerta abierta.
Con la mejor expectativa, con alegría de encontrarme con lo
mejor del mundo: lo que anda suelto. Lo que se anima y se filtra por las
rendijas sin llave. Lo libre, que se cuela entre las fallas de lo seguro.
Me gustó mucho esta alegoría de la puerta abierta. Ojalá pudiéramos hacerla valer dentro de cada uno de nosotros. MV
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