Se había quebrado el amanecer y el sol creaba rajaduras.
Mis manos eran largas, tocaban desde mis ideas, la calle.
No pude pensar.
Partí con una bolsa: el coraje, las mejillas hundidas, nubes.
Un viento cómplice, una música de alivio.
Me rompí. Me arreglé. Sentí el peso de la vida.
Fugué hacia mí.
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