Él no va a volver. Eligió el amparo del viento. Un páramo desértico.
Él no va a volver - me repite-. Está cerca, pero no vuelve.
Ni a tu beso, ni a tus rodillas, ni a tu pecho. Ni aunque gires la cabeza contando las vueltas de la calesita. Ni aunque adeude todas tus sonrisas encarceladas. Ni siquiera aunque tu boca cosida lo obligue a traer las palabras olvidadas bajo su puerta.
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