Hay una escuela. La del dolor. Traiciones. Desilusiones.
Donde el valor es lo aprendido. Situaciones maestras.
Piedras movedizas. Vivas.
Esculturas de barro. Hay una escuela. Donde no suena el
timbre.
No hay botón que pulsar. Donde no se programa el encuentro,
Ni hay calificaciones más tontas que el número.
Donde lo que intersecta las rectas es un nudo de palabras.
Sin asientos para cada uno. Hay un lugar para todos.
Un fuego que hace brotar los días. Un chispazo al
despertar.
Emociones guías. Momentos. Linternas de cielo.
Sin otra luz que
la propia para alumbrar.
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