Tuesday, September 17, 2013


Hace cuanto que no confiás. Hace cuanto que no. Te levantás una mañana y en eso, antes de hacer el mate, mirar por la ventana. Mirar, sólo por mirar, por detener un instante el ciego parpadeo que nos encadena la mirada. Sólo por acercar un poco la nariz al vidrio, arrimar el mundo. Hace cuánto, cuántas lunas que no caminás... por caminar. Como fin último. Que no decís: voy a salir a caminar, ya vengo. Andar, dejar las ideas repartirse en cada olor, en cada farol, en cada tango. Patear. Andar, sin nadie, aromas, silbidos, bicicletas, interior. No pensar en la casa, ni en buscar las llaves a tiempo. Ni siquiera tocar el bolsillo para tantear la comunicación. Mucho menos pensar en dónde poner las manos. Caen solas. Se acomodan al ritmo de marchar. Se van haciendo placer. Y después las cárceles sobre la vereda, llenas de persianas y de rejas, sí, rejas, aunque no lo creas. Nos van pareciendo ajenas. Besos en la calle, por calle nada más. ¿Qué rumbo? Ya va a venir, o nunca tenía que existir, y sólo más adelante el sentido era andar, cada paso dado, eso podía parecer un rumbo, posible, de los tantos que había. Era tan simple como no pensarlo. Agarrar las llaves, y meterle. Comprar la vereda, gastar la suela, practicar. Primero una cuadra. Después la manzana, vigilar la luna inquieta. Volver a guiñarle un ojo. Y mañana, tres esquinas, saludos a todos, no sé cuándo vuelvo. Entender las calles como la primera vez. ¿Qué motivos? Los pies. No tenemos que hacer nada. Ni siquiera pensar cuándo dar el paso. ¿Qué productivo? Productivo, nada. N
os pasamos la vida desesperadamente buscando tiempo, queriendo agregar  horas al día, pero en el fondo no sabemos qué hacer con ese resto, es el absurdo mismo. La idea es perder las monedas a propósito, algún día alegrarán a otro. Acá la vista va para adelante, y el cuerpo hace lo suyo. Será tomar la calle por asalto, dejar llover pensamientos. Será caminar, tomar las riendas de nuestras piernas, decidir la flexión de nuestras rodillas, dejar caer las ideas, que lluevan antes que el clima. Será entender que no había nada de aburrido en dar una vuelta. Dar vueltas es encontrarse de a poco. Es meter en los bolsillos lo poco que nos queda, y preguntarle a la calle qué tiene hoy para ofrecer.
Dar vueltas, toparse con uno por ahí. Encontrarse con las caídas. El reloj de habitar los rincones da puntual. Es temprano para las llaves. Es temprano para arrancar. 



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