Friday, August 30, 2013

Las personas caminan bajo el sol-viernes que amanece sin pedir permiso ni preguntar la hora. Qué sabrán los soles de relojes. Y los relojes de ataúdes. Mañana será sábado. Con las características de un sábado. Cierto desdén, cierta impunidad frente al ocio. Los autos peinarán las carreteras, ida y vuelta, del derecho y del revés, hasta dejarlas calvas. Los malabaristas lanzarán al aire las bolas del semáforo. Los autos les comprarán casas. Casas que entrarán en la gorra. A un ciego le dejarán no monedas sino un par de ojos en la caja. Y cuando levante lo recaudado se los pondrá y verá más que antes. Una atmósfera de siete de la tarde traerá ladridos de perro, un color rojizo al final de la avenida, una vuelta por la feria de manos y principios. Nadie se preguntará nada. Nadie mirará hacia arriba, se perderán del cielo dos pájaros yendo a buscar el domingo. 

No comments:

Post a Comment