…que vibre con una canción, que no le falte el libro en la mochila por si alguna sala de espera o tren tardío lo
amerita, que haga lo que haga lo defienda con pasión, sobre todo pelear sin
puños, es decir gritar los torcidos derechos hasta el corazón afónico, que no dude en
llorar al sentir una montaña descalza, que se empape de estrellas y dedos aunque
parezca un loco empecinado en astronomía y con el dulce tarareo de alguna
melodía entre los labios agrietados descubra las calles sin miedo, ofrezca su mirada sonriente al transeúnte anónimo, que no deje la vida andar
por el costado sin ofrecerle el pecho abierto y la casa, que arda hasta ser
leña de fogón y cuando por fin despliegue las alas no espíe hacia abajo ni se
arrepienta del viento.
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