Que las casas quedaran vacías de gente y las masas treparan por
la calle, a ocupar más mundo, verse las caras, a saberse. Encontrar edades reunidas
bajo los árboles, comiendo hierbas, soplando rumores de sueños en el viento.
Los hogares, sólo sitios de paso, nadie se quedaría allí por mucho tiempo, las calles,
llenas de colores y de soles, serían el mejor lugar para habitar. Sin encierro.
En la casa, en el auto, en las oficinas, en sus trabajos, en sus refugios,
adentro de sus cuevas, metidos en sus ideas, protegidos en cáscaras. Entre
muros, entre miedos, sin salir. Ya no más. Ir hacia afuera es viajar adentro. El
sol no discrimina, sonríe por igual. Gotas de lluvia vuelven a sus nubes. Árboles
amenazan con crecer bajo techo. Aire aprende a respirar palabras. Afuera existe
un arcoiris de todos y entre las manos se tejen verdaderas ilusiones de miga y
harina.
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