Obligada por situaciones, gente, calles, hallazgos, decepciones, objetos, desilusiones, tuve que hacerlo. Obligada por un alrededor plástico y poco satisfactorio, por la enorme cantidad de preguntas que me surgían acerca del afuera. Un viaje interior.
El viaje no era para cualquiera. Hay que tener coraje para
mirar lo que no siempre se quiere ver. Lo agradable y lo desagradable, los
defectos, los agujeros, las crecidas, las mareas. Los errores, los aciertos,
los deseos, a veces tomados en cuenta, a veces guardados en cajas, postergados,
encerrados en mentiras, pisoteados, desoidos. Los deseos, esos que no
todos se animan a abordar, esos que a veces se contraponen a lo común. Los deseos propios, que, si miramos bien, casi nunca están de moda.
Andar por muchísimos caminos sin moverse tanto. Recorrer con
la imaginación lugares en los que se estuvo y que han quedado prendados al
corazón de una manera única e inexplicable. Lugares donde sí o sí querríamos volver
si se pudiera. Personas que desearíamos volver a cruzarnos más adelante. Historias
que desearíamos volver a conocer, gente que anhelamos volver a encontrar.
Inquietudes, amores, desamores, pasiones, despasiones, un equipaje que cada
persona guarda y lleva consigo, junto con una historia digna de ser contada. A veces
es tan útil perder algo, perder más, dejar ir, con la
excusa de encontrarse…
No comments:
Post a Comment