Súplica
Súplica
Mi cielo, esta paleta de grises abstractos, los grises vacíos, los grises
nubes. Como la tarde donde no debí ponerme el piloto negro, no debí
salir de casa a la hora señalada. La noche donde debí cancelar la cena, el día
donde apagar la lluvia y poner el sol.
Ya sin nada. Bien. Nítida niebla, no me
des más ojos, hay más ausencias de las que soporto ver, no me lo hagas, no me
escupas este nombre de miseria, niebla despiadada. Tristemente suelo dejarme a
un lado, es que ya no quiero pensar, ni calcular, más bien sentir, aunque
sienta mal, aunque sienta bien, no importa ya. Despierta cuando inician las
doce. Cuando no queda nada más por hacer
del día aburrido, cuando se disuelve el reloj puntual.
Y las luces de los
edificios van ocultándose, lo espío desde mi ventana que mira a contrafrente, sólo me permite una tonta línea de cielo, y bailan
pájaros negros, mensajeros, entre dos columnas
de ciudad a los laterales. Son puras antenas ensuciando terrazas alrededor, raro ver algo extraordinario, como libros
míticos volando, como una flota de sombreros, salvo la lluvia que lo resume todo.
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