Aquello que se disipa.
En la temporalidad de mi noche, sólo queda una luz en la manzana. Es el
hábito de quedar únicamente con los
insomnes, con el susurro anónimo de aquellos que
están cercanos, a pesar del desconocimiento,
a pesar de la lejanía. Me gustan tanto estas noches de otoño, donde
abrir las ventanas y dejar el aire helado integrarse en la ronda de café; en
las conversaciones; lo dejo hacer surcos en la cara, sentirlo, hundir pómulos,
despeinar pelo enredado.
Y luego, mi torpe suelo que atrapa objetos frágiles. Mis muebles, sus
cajones abiertos; sus secretos de tela azul, manchas calientes, botones
desprendidos, moños arrancados.
Prendas encerradas colgando, llenas de tajos y de historias, las prendas,
las sueltas. El placer de escogerlas, cuál olvidar, con cuál llorar, con éste
vestido me querrá sin duda. Todo el
vestuario inútil respira, en natural desorden.
Pero hay aquello que se disipa, como un manantial de agua dulce tocándome las manos,
suaves, dejándolas morir, sin volverlas líquidas, soportando toda su solidez,
su pesadez de sostener: su pesadez de no tener. Aquello que se disipa. Y este sentir
por favor que alguien llame. Que alguien toque la puerta, que se ocupe la
silla, que se encienda un rostro real en la mansa, tenue, caduca oscuridad.
Siento que en estos últimos 7 u 8, volviste. Volviste vos poeta. Entrañas.
ReplyDeleteGracias por lo bello. Tus palabras.
Gracias. En esta última tanda mezclé algunos más recientes con otros del año pasado, un año cargado de palabras y sensaciones, cargado de poesía.
ReplyDeletePD: PST!! ¿Ceci? ¿M? ¿Quién es?
"En la temporalidad de mi noche, sólo queda una luz en la manzana". Esa imágen me gustó, me parece que llega. que todos la entendemos. Yo la interpreto como una sublimación... cuando uno se queda leyendo hasta altas horas de la noche...
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