Monday, December 12, 2011

No sabía que los jardines oscurecían sus flores, no conocía una sequía tan profunda como la del adiós.

No sabía de las sombras que habitan senderos. Ni que el río riega las penas para endulzarlas. El sol se guarda sus fuegos. Yo creía en nuestra lluvia, en mis tormentas.

De los tristes finales, de los grises en la luz, yo no sabía; pero las semillas tiemblan bajo tierra, los imanes descansan, los jardines suelen morirse más rápido de lo que un ave parpadea. Mientras tanto las alas. Se tuercen y las ilusiones se desangran. Tu flor arroja un último pétalo seco, tu última flor viva ya no espera el agua.

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